Es viernes en la noche, y en el Estadio Nacional se realiza la inauguración de los Juegos Suramericanos de la Juventud. Se hace la presentación oficial de todas las delegaciones. Hay expectativa. Está la presidenta Michelle Bachelet y el ministro del Deporte, Pablo Squella, en la tribuna; y Nicolás Massú será el encargado de llevar el fuego olímpico.

Chile, como anfitrión, se presenta en el final de la ceremonia. Luego, bajo los aplausos, aparecen los 196 deportistas nacionales liderados por una esgrimista de 14 años, que mueve la bandera chilena con fuerza.

Cuando a Katina Proestakis, de Antofagasta, la escogieron como abanderada, el momento fue mejor de lo que se imaginó en la cabeza: “Fue emocionante llevar la bandera, ya pensaba en esto desde que me designaron, resultó mejor de lo que esperaba, una experiencia inolvidable”.

Katina Proestakis es una de las grandes promesas del deporte. Y aunque esa etiqueta se repite cuando aparecen nuevas figuras, la joven en marzo de este año ganó el Panamericano Juvenil Cadete en La Habana, Cuba, y en estos Juegos le entregó dos medallas de oro en la categoría florete individual y de relevos mixtos.

Pese a la victoria, fue un duelo sumamente difícil. Su rival, la venezolana Anabella Acurero, era fuerte también. Esperaron la definición de los jueces: En un fallo dividido, la chilena ganó 15-14.

Tras la euforia de haber ganado en casa, ella sabe que ningún oponente se mira sobre el hombro, cualquiera puede ser vencedor. Eso fue una de las primeras cosas que aprendió en su primera clase de esgrima, a los siete años, cuando asistió a los talleres de su colegio en Antofagasta.

“Este es un deporte emocionante”, cuenta Proestakis, afuera del Centro de Alto Rendimiento (CAR) y añade: “me gusta porque no es solo físico, también es un deporte mental, que necesita mucha confianza. En que en cualquier momento la cosa puede cambiar. Desde pequeña que me gustó esto. Y después empecé a ir a campeonatos y me empezó a ir bien. Ahí me lo tomé más en serio”.

Como cualquier otro deporte que se toma en serio, la esgrima se basa en los mismos principios: sacrificio y disciplina. Pero, hace cuatro años atrás, la joven Proestakis llevó el desafío un poco más allá. Su familia tomó la decisión, y se fue a vivir a Houston, Texas, para desarrollarse como esgrimista profesional.

“Vivo con mi mamá y hermana. Fue difícil la decisión, era un cambio muy grande, y no solo por el idioma: las distancias son diferentes a Antofagasta, aquí el colegio, mi lugar de entrenamiento, y mi casa quedan lejos”, dice Katina Proestakis, y cuenta que si bien tiene amigos, no sale mucho, dedica el tiempo a entrenar, pensando ya en lo que viene en su horizonte: las clasificatorias de los Juegos Olímpicos de la Juventud en Buenos Aires 2018.

“Es uno de mis principales objetivos, está en mi mente y estoy trabajando para eso”, dice antes de terminar la entrevista, y por último define en una palabra lo que significa la esgrima para ella: “Pasión”.

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